viernes, 4 de diciembre de 2009

Carta de un León

Perdón, hermano mío,
si te digo
que ganas de escribirte no he tenido.

No sé si es el encierro,
no sé si es la comida
o el tiempo
que ya llevo
en esta vida
.

Lo cierto es que el zoológico deprime
y el mal no se redime sin cariño,
si no es por esos niños que acercan su alegría
sería más amargo todavía...

A tí te irá mejor,
espero!
viajando por
el mundo entero,
aunque ese domador, según me cuentas,
te obligue a trabajar más de la cuenta.

Tú tienes que entender, hermano,
que el alma tiene de villano,
el no poder mandar a quien quisieran
descargan su poder sobre las fieras.

Muchos humanos
son importantes
silla mediante,
látigo en mano.

Pero,
volviendo a mí,
nada ha cambiado aquí
desde que fuimos separados.

Hay algo, sin embargo,
que noto entre la gente,
parece que miraran diferente.

Sus ojos han perdido...
algún destello,
como si fueran ellos los cautivos.

Yo sé lo que te digo,
apuesta lo que quieras,
que afuera
tienen miles de problemas.

¡Caímos en la selva, hermano,
y mira en qué piadosas manos!

Su aire está viciado de humo y muerte...
¿y quién anticipar puede
su suerte?

Volver a la naturaleza
sería su mayor riqueza.

Allí podrán amarse libremente,
y no hay ningún zoológico de gente.

Cuídate hermano,
yo no sé cuando,
pero ese día viene llegando...

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